BABEll

BABEll

Vídeo documento del proyecto expositivo Babell realizado en la Galería Weber-Lutgen y el la Plaza del Pumarejo (Sevilla) el 11 de septiembre de 2007.
Babell
(Texto del catálogo. Exposición del mismo título realizada en la Galería Weber-Lutgen, en Sevilla, septiembre de 2007)


1.INTRODUCCION

Abro la puerta que mantiene en penumbra el descanso de una noche densa. El brillo intenso de una luz clara y cálida encoge al instante mis pupilas. Soleada mañana, típica en esta estación del año y de esta tópica latitud mediterránea. Después del asueto de un frugal desayuno, salimos dispuestos a dar un paseo por los alrededores de la casa familiar que nos acoge.

Ella me guía por los restos de lo que debió ser un antiguo camino, flanqueado por algunos vetustos cipreses, supervivientes al hacha del tiempo. A escasos cincuenta metros, nos encontramos con un olivar cuyo perímetro, a la vista de su protección, evoca la presencia de un recinto sagrado. Ya en su interior, solitario, nos dirigimos hacia el corazón del mismo. Divisamos entre las contorsionadas ramas de sus árboles una pequeña elevación del terreno. Acompañan nuestros pasos el eco del canto intenso de los pájaros y el zumbido amarillo de miles de insectos, afanados en la febril tarea que trae la primavera. En el centro, y bajo un sol cenital, se yergue un túmulo de tierra, a modo de cono truncado, de unos diez metros de altura. Desde su cima, los dos contemplamos silenciosos el paisaje: profundo azul del mar, abrazado por la amplia llanura de Maratón. Se besan en la infinita y blanquecina línea de su playa, coronada por las majestuosas montañas que ocultan Atenas. Podemos oler la hierba y una alborotada profusión de flores, que inundan mi alérgica nariz con el extraño polen de los muertos. Bajo nuestros pies, heroico humus, sustanciosa tumba que acoge los restos de 192 soldados atenienses. Guerreros que derramaron su vida en una crucial batalla. Tan lejana y cercana al mismo tiempo.
Diez mil soldados atenienses frente a veinticinco mil persas. Lucha que resolvió una larga etapa de tensión entre Oriente y Occidente, con la victoria final -recordada durante siglos- del ejército griego.

Pero hay algo incongruente en su sepulcral silencio. Nada hemos aprendido. La paradoja de la civilización: hemos evolucionado creando instrumentos mucho más letales y desarrollando una muerte absolutamente más indiscriminada y masiva. Pero la misma primitiva mentalidad ambiciosa y agresiva. La diferencia es que los “héroes” están ya obsoletos, aunque nos los recuerden reiteradamente en el celuloide, simulacro para aplacar las conciencias y enardecer los corazones por instinto belicosos, intentando justificar la más absoluta de las barbaries. Y en manos del poder está la sutil diferencia que separa los conceptos de héroe o asesino…
El motivo en esencia es eterno y sencillo: la codicia de lo ajeno.

Al pie del túmulo reza en una placa la fecha de la batalla: 490 antes de Cristo, la mañana del 11 de septiembre.


2. NUDO

En el mismo valle, a pocos kilómetros de este mítico lugar, subiendo la montaña, nos encontramos con un espacio similar. Pero diferente en el tiempo y en su sustancia. Un cementerio que alberga los restos de cien mil soldados muertos también en la batalla. No hay gloria. Sólo hedor a olvido y aroma de derrota. Pero hay dignidad. El oscuro honor del que ha muerto inútilmente. Juventud desperdiciada por la depravación que produce una maquinaria enfebrecida por la locura del poder y el fanatismo. Cien mil alemanes muertos en tierra griega durante la Segunda Guerra Mundial.

No creo que haya muerte útil, sino existencia útil. Aunque podamos encontrar motivos lo suficientemente sublimes o extremos como para sacrificar la vida por ello. Pienso que una muerte digna puede convertir la vida en algo útil y, al contrario, una vida inútil convierte el óbito en algo indiferente.

Sin embargo, no creo que ninguna guerra contenga una justificación lo suficientemente profunda como para entregar el ser. Si analizamos su razón última suele ser la codicia de los poderosos.

Podemos seguir contemplando a diario los coletazos de una última y triste contienda internacional. Sentimiento acentuado por las mentiras de los gobiernos y sus dirigentes, o por el silencio, que implica complicidad. Obvio es el motivo: el robo del petróleo y la ganancia del mercado armamentístico, y las excusas del mantenimiento un estilo de vida, cada vez más globalizado...Sacrificando diariamente vidas a cambio de algo negro y pegajoso, cáncer de nuestro planeta, como las letras que impregnan los grandes titulares...Las palabras huecas, sin sentido, la destrucción de los significados, la falsedad del marketing. El conflicto entre los ideales de una sociedad incongruente que nos enseña desde niños lo que después tenemos que paulatinamente olvidar. Perder la inocencia, para alcanzar el “éxito” y engancharnos a la devoradora máquina de los modelos impuestos como status de progreso...Impotentes nos contemplamos. Pequeños colaboradores necesarios. Participando como fichas en el juego.


3.DESENLACE

Eterno el retorno a mi lugar del que nunca realmente me he ido. Y vuelvo e exponer en Sevilla tras una década de ausencia. Paradoja de ser emigrante en tu tierra, viajero sin mudanzas pues sigue siendo la ciudad en que vivo, amo y trabajo. Afortunadamente mi obra si ha salido de nuestras fronteras. Eso me ha enriquecido como persona y como artista. Y me ha permitido vivir de ello.

Babell, título de esta exposición, es una doble referencia, un sencillo juego de palabras que fusiona Babel y el número 11. Una referencia clara de los acontecimientos que estamos viviendo en los últimos tiempos. Exposición generada a partir de la deconstrucción de poemas. Normalmente utilizo mis propios textos, pero en dos de las esculturas presentadas he utilizado fragmentos de sendos poemas de Leopoldo María Panero (Oh Pájaro Contra el Hombre, del libro “Danza de la Muerte”) y Andrés Sánchez Robayna (Madrid Para una Elegía, del libro “Correspondencias”).

Babell es una metáfora que puede describir la realidad contemporánea. A pesar de la evolución y desarrollo del ser humano, hay hechos embutidos en la piel estudiada de la Historia que repetimos como una irónica melodía. Errores ya conocidos, pero que la codicia ilimitada del hombre intenta ocultar con invisibles y efectivos recursos. Permanente esfuerzo de la autoridad para contrarrestar la inherente entropía de todo imperio.

El poder se camufla como un cáncer y se extiende por un mundo global. Nos genera una realidad artificial y paralela para alienar las conciencias y crear unos modelos o estilo de vida confeccionados a la perfecta medida de sus intereses.

El poder es multinacional y no tiene ni patria ni bandera, aunque las utiliza como arma necesaria para elaborar su estrategia, pero sin importarles realmente las sencillas gentes que la representan.
La mentira se institucionaliza y nos lleva con un sutil sarcasmo a la pérdida del valor de la palabra. Nos crea significantes sin significado, para lograr una realidad insignificante, material e insensible. Se convierte en un simple instrumento de manipulación.
El ser humano se quedará sin voz y sin la posibilidad de realizar un análisis crítico de su realidad.
La palabra es la mayor arma, la que nos distingue del resto de los animales y la que nos permite comunicarnos, elaborar un diálogo que nos acerque al “otro”, que nos permite conocernos y entendernos.
Conceptos como libertad, democracia, religión, amor, cultura, nación, etc., a menudo se plantean con tal ambigüedad o sarcasmo que nos conduce a un permanente escepticismo y a una falta de ideales.

El número 11, acompañado de distintas consonantes, se ha convertido en un símbolo de dolor, de ausencias. Cada una lleva una historia. Una multiplicidad que nombres, de rostros que dejan en otros profundas heridas. Todos somos parte de ellas.

Pero esas ausencias y ese dolor es el mismo, ya sea producido por unos pocos fanáticos o por ejércitos perfectamente pertrechados. Ese dolor nos une con palabras expresadas en multitud de lenguas, con significantes distintos pero con los mismos significados. Es la palabra, que se derrama como lágrimas. Las palabras que nos unen.

 

Jesús Algovi.
Maratón (Grecia), mayo de 2007

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